AXWELL – ÍCONO DANCE

El excomponente de Swedish House Mafia reivindica la esencia de componer música electrónica y pincharla frente a audiencias masivas.

A lo largo del proceloso camino que el rock siguió en busca de la sublimación de su esencia más devastadora, se topó con una realidad distópica: el metal. Lo mismo le ha ocurrido a la música de baile, que ha visto como el futuro se ha adelantado y el resultado no luce con el brillo esperado. El rotundo éxito de la EDM, el acrónimo de la anodina Electronic Dance Music, personifica la distopía de la música de baile. A día de hoy, la etiqueta genera más dinero y atención que cualquier grupo de rock o pop.

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El sueco Axel Christofer Hedfors, de 35 años, más conocido como Axwell sabe bien en qué consiste eso de la música de baile funcional, la que se estila, pero observa ciertos matices distintivos que, dice, le dan sentido a lo que él hace. “Todo el mundo quiere hacer música que vuelva loca a la gente en la pista de baile, pero eso hace que sea demasiado sistemática. Creo que debe haber dos tipos de música de baile”, piensa, “una es funcional, que es la música para conseguir una cierta reacción en la pista de baile; y luego está la música-música. Sea del tipo que sea, y no por fuerza debe ser música electrónica”. Lo importante, según Axwell, es “mantener un pie en ambos mundos, es aburrido atascarse en hacer música sólo funcional”.

Se hizo famoso junto a Sebastian Ingrosso y Steve Agnello, otros dos pesos pesados de la música de baile sin tradición, formando parte del megagrupo Swedish House Mafia, un triunvirato creativo que funcionó hasta el pasado mes de marzo. “Sin pretenderlo, dimos con la fórmula correcta para combinar house y pop –recuerda–; lo que nos ha dejado algunos recuerdos imborrables”. También les aportó pingües beneficios: One Last Tour, la gira de 52 actuaciones en loor de multitudes con la que han recorrido todo el planeta despidiendo al grupo –hasta nuevo aviso, por supuesto–, colocó a los tres suecos en la lista de los DJ más ricos del planeta. SegúnForbes, Ingrosso, Agnello y Axwell, ganaron nada más y nada menos que 19 millones de euros. 

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La fama no le impide señalar la deriva comercial de la EDM. “El género se mueve muy rápido, tanto que se ha convertido en una suerte de McDonalds de la música, porque se consume como una doble cheeseburger. Mucha gente se descarga canciones gratis y en menos de seis meses las considera antiguas. No tiene sentido: si algo es bueno, hay que apostar por ello”. Y lo bueno, según él, es el Random access memories de Daft Punk, uno de mis discos favoritos de hoy en día. Han vuelto a demostrar que se puede innovar en música de baile”.

Axwell, quien ha construido un imperio gracias a temas como Nothing but love y su sello, Axtone, es habitual de las cabinas de los templos nacionales de la EDM. Acude con regularidad al Opium de Barcelona –donde recibe a Rolling Stone– y este verano ha estrenado una residencia junto a Ingrosso en el Ushuaïa de Ibiza, la meca que no pisó hasta que no le invitaran a pinchar. “Estoy orgulloso de no haber ido antes; me gusta que todo suceda con orden”, concluye.

FUENTE: ROLLING STONES 

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